lunes, 12 de diciembre de 2016

Perú [CXXXIV]

Edgardo Malaver


Núñez de Balboa descubre el océano,
de Tancredi Scarpelli (1866-1937)



         La de veces que sucede que uno cree que se está entendiendo con los demás, y resulta que está entendiendo algo radicalmente diferente. Y como les pasa lo mismo a ellos, todo queda bien, todos nos quedamos con nuestra equivocada versión correcta de las cosas y no nos lanzamos golpes, pero en realidad no nos hemos entendido. Ha sucedido incluso con los orígenes de los nombres de algunos países.
         El Inca Garcilaso de la Vega cuenta, en su célebre libro Comentarios reales, de 1609, que el nombre Perú no existía en la lengua de los indios del lugar, lo crearon los españoles. Poco después de 1513, Vasco Núñez de Balboa (1475-1519), que en ese año se había convertido en el primer europeo en encontrar el Océano Pacífico por su costa oriental, se fue a averiguar también cómo se llamaba aquella tierra que ahora era suya. Desde uno de los cuatro barcos que mandó construir para ello, sus hombres vieron a un indio que pescaba en la desembocadura de un río y lo atraparon para que les informara lo que deseaban saber. Le preguntaron: “¿Qué tierra es esta y cómo se llama?”. El indio entendió que le preguntaban su nombre y lo dijo: “Berú”. Ellos siguieron haciéndole señas y el indio creyó que le preguntaban dónde lo habían encontrado y respondió: “Pelú”, palabra con la que en su lengua se llamaba al río. Desde aquel momento, “que fue el año de mil y quinientos y quince, o diez y seis, llamaron Perú aquel riquísimo y grande imperio, corrompiendo ambos nombres, como corrompen los españoles casi todos los vocablos que toman del lenguaje de los indios de aquella tierra”, nos confía el poeta.
         El mismo Inca Garcilaso, en su Florida del Inca, de 1605, relata casi la misma historia sobre el origen de Yucatán. Y en Margarita Jesús Manuel Subero (¿o habrá sido Ángel Félix Gómez?) explica exactamente así la aparición del nombre Paraguachí en castellano. Ya no lo llamaríamos corrupción, pero son ejemplos suficientes para pensar que debe haber pasado en toda América... o dondequiera que un pueblo ha ido a conquistar a otro.
         La de historias nacionales que provienen de un “error” de esta naturaleza. Perú llegó a ser un virreinato, el mayor, de la corona española entre 1542 y 1824, representó la fuente más abundante de riquezas para el reino español, acumuló un patrimonio cultural que hoy en día aún vibra y deslumbra a los visitantes, y todo esto existió y existe siempre bajo un breve nombre que provenía de un error de comunicación, de una situación en que era casi imposible obtener el socorro de un intérprete. Parece, sin embargo, que fue un error afortunado.

emalaver@gmail.com






Año IV / N° CXXXIV / 12 de diciembre del 2016

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